lunes, 21 de enero de 2013

Hakuna matata


Hoy el cielo era  azul como el de tus intimidantes ojos, las nubes tenían pinceladas anaranjadas y rosáceas como tus mejillas y el sol brillaba tanto como tu sonrisa día a día.

A veces levantarte un lunes con un sonido desagradable de la alarma se puede convertir en el mejor inicio de un día donde solo deberían despertar los espectros.

Te levantas para comerte el mundo y empezar con fuerza la semana. Tienes el café y las tostadas encima de la mesa, algo rutinario, pero a pesar de hacer cada mañana lo mismo decides cambiar el tramo que une tu casa al trabajo. Y gracias a ese nuevo trayecto, te das cuenta de que no siempre tiene que ser tú día a día una simple y esperada rutina. Que un nuevo paso es una nueva meta, y una nueva meta un nuevo logro, todo ello te deparará la felicidad.

Si no eres tú porque estás obligado a actuar como los demás quieren. O te miras al espejo y piensas que tu no quieres ese tipo de vida, que quieres ser feliz, el resto te da igual si no te influye en ello. Si día tras día te haces la misma pregunta [¿Es esto lo que quiero hacer si mañana me muero?], si la respuesta es no, ya sabes la conclusión.

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